Misión
Hasta
hace una década el análisis de las guerras
irregulares, del crimen y de la violencia había estado en
manos de académicos provenientes de la sociología, la
ciencia política, la antropología y la historia. El
enfoque predominante hacía énfasis en las causas
históricas, sociales, políticas, territoriales y
antropológicas del conflicto. En Colombia, su versión
más difundida y exitosa ha sido la llamada Violentología.
Más allá de sus virtudes, una de sus debilidades era no
contar con una estructura analítica que le permitiera intentar
un estudio unificado del conflicto, teniendo en cuenta la
interacción estratégica de los agentes y el carácter
racional de sus acciones. Suponer que los agentes sociales
comprometidos en un conflicto son racionales, interactúan en
forma estratégica y lo hacen dentro de ciertas estructuras
sociales ha permitido la introducción de herramientas
analíticas muy potentes y efectivas. Sus efectos están
a la vista: la aplicación de la microeconomía, de la
teoría de juegos, y del análisis estadístico al
estudio del conflicto ha generado, muy rápido, un campo de
investigación activo y creciente. De otra parte, la teoría
de las redes sociales y complejas ha contribuido al estudio
sistemático de la interacción social entre individuos y
grupos y a la detección y análisis de las estructuras y
dinámicas resultantes de esa interacción.
Al mismo tiempo, el uso del
análisis transversal, a gran escala, ha permitido explotar
bases de datos de muchos países y realizar una primera
aproximación a las relaciones entre economía,
depredación, geografía y etnicidad, de un lado, y la
probabilidad de aparición, y la duración, de un
conflicto armado, del otro. La aplicación del análisis
racional y de la interacción estratégica ha permitido
la valorización, por ejemplo, del análisis Hobbesiano
del Estado de Naturaleza y del surgimiento del Estado, dándole
una perspectiva más rica y descubriendo posibilidades
analíticas no percibidas antes. El estudio sistemático
y empírico del desplazamiento forzado se ha hecho posible
mediante el uso sistemático de la metodología de las
redes sociales y complejas, tanto en lo social como en lo espacial y
político. Esos procesos de fertilización mutua han
permitido, también, que el campo de investigación del
conflicto se alimente de avances teóricos provenientes de
otras áreas. Una lista no exhaustiva incluiría a la
nueva teoría estadística de la interacción
social, la epistemología interactiva, los juegos evolutivos,
las conjeturas racionales y la teoría de las redes sociales y
complejas.
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